Si tienes tiempo ahora para leer, adelante. Si no, déjalo.

En el Slow Reading Club, Nueva Zelanda, quieren leer. Leer a la antigua usanza, detenidamente sin aparatos electrónicos en la otra mano. En un café, con una bebida, confortables… Es una experiencia que relaja, que induce a pensar. Leer lento mejora la comprensión, ¡si es que lo que leemos lo queremos entender!

Lectura lenta es lectura lineal, ambiente tranquilo, móviles fuera, dedicar un tiempo fijo (como si fuéramos al gym), subrayar o tomar notas…

Y es que leemos menos a pesar de ser conscientes de lo mucho que nos aporta. Hemos cambiado algo con la tecnología, ahora buscamos directamente palabras en el texto, lo que creemos, sin haberlo leído, que es lo importante para nosotros. Ahora leemos en forma de «F», lo que habitualmente definimos como «lectura en diagonal». Empezamos por la primera línea, alguna más y bajamos en vertical, ya ni en diagonal. Y con ello perdemos contenido, perdemos el placer de la lectura.

Si en castellano es «prestar atención», en inglés «pay attention», es que no tenemos mucha. Por ello la hemos de prestar o pagar. La tenemos que emplear con cuidado, no somos capaces de una atención infinita y nuestro cerebro tiene que emplearla con mesura, no somos multitasking. Nuestra lectura estará condicionada por:

  1. Los sesgos cognitivos que condicionan nuestras decisiones, como los sesgos de atención, de confirmación, causa simple, etc., conjuntamente con
  2. nuestra curiosidad rampante que nos hace saltar de una pantalla a otra de forma inconsciente y
  3. nuestra pereza innata para enfocar.

Pensamos demasiado rápido cuando leemos en las pantallas

Benartzi y Lehrer en The Smarter Screen nos recuerdan que tenemos más información que nunca, que podemos actuar rápido. Pero, a menudo, lo hacemos sin pensar. Y lo bueno es que las pantallas pueden ser diseñadas para hacer más inteligentes nuestras decisiones.

Voy a hacer referencia solamente a su capítulo de la dificultad deseable. Y puesto que el mundo digital asume que altos niveles de fluidez son siempre mejores, «make it easy». Sin embargo, como en muchas cosas, puede haber contraindicaciones y el uso deliberado de dificultades puede ser de ayuda cuando tenemos que pensar con más cuidado lo que hay en la pantalla. Por ejemplo, si es importante que se retenga lo que se lee o que se reflexione para tomar una decisión, es importante introducir un nivel de dificultad en la lectura digital. Estos niveles de dificultad pueden contar con emplear tipos de letra menos familiares, diferentes o inesperadas disposiciones en la pantalla, emplear dificultades cognitivas, como palabras menos habituales, forzar a introducir información manual… Todo ello siempre con un balance acertado de dificultad para no hacer huir a nuestro lector. Interesante libro para nuestros diseñadores digitales, el de The Smarter Screen.  

La «dificultad deseable» que experimenta cuando lee información formateada en Sans Forgetica hace que su cerebro se involucre en un procesamiento más profundo.

Aquí tenemos un ejemplo de la dificultad cognitiva de hace solo unos días. Sans Forgetica es más difícil de leer que la mayoría de los tipos de letra, y eso es por diseño. Es una fuente diseñada utilizando los principios de la psicología cognitiva para ayudarnos a recordar mejor nuestras notas de reuniones, lecturas, pensamientos… Ha sido creado por un equipo multidisciplinario de diseñadores y científicos del comportamiento de la Universidad RMIT- Royal Melbourne Institute of Technology. Sans Forgetica es compatible con los sistemas operativos PC y Mac.

Y volvemos al aquí y ahora.

Y volvemos al aquí y ahora. Al placer del momento, de la lectura, pero también de las conversaciones que tenemos, de lo que vemos, de lo que pensamos… Ha de ser lento, le hemos de dar tiempo. Vamos al Slow Living.