En las últimas décadas, se han invertido miles de millones de dólares en programas diseñados para reducir la pobreza mundial y en nuestro país para acometer necesidades sociales con familias desestructuradas, personas en exclusión social… pero la evidencia clara de que los programas tienen éxito es rara y, cuando existen evidencias, quienes toman decisiones a menudo no lo saben.

En este contexto similar, en cuanto a búsqueda de soluciones generalizadas para problemas sociales, surgen por ejemplo las propuestas de rentas garantizadas o alguna alternativa similar (ya Acuerdo por la Renta Garantizada de Ciudadanía en Cataluña)  y razones para un ingreso mínimo vital en nuestro país o propuestas para su aplicación universal. 

Mi pretensión en este artículo es incorporar nuevas perspectivas desde la Economía del Comportamiento y desde la Psicología. Aportaciones que introducirán reflexiones acerca de los efectos en el comportamiento de las personas de una renta básica garantizada de forma vitalicia y en algunos casos al margen de que la persona decida voluntariamente no incorporarse al mercado de trabajo.

Existe un magnífico debate o reflexión a nivel global. Por ejemplo desde la propia LSE (The London School of Economics and Politcal Science) y aportaciones mundiales defendiendo la renta básica. Dos aportaciones que empujan la necesidad de su puesta en práctica pueden ser:

  1. Guy Standing en su libro Basic Income recoge lo que podemos aprender de las experiencias que se han realizado en todo el mundo e ilustra exactamente por qué un ingreso básico se ha convertido en una necesidad tan urgente.
  2. Otra referencia es que parece demostrado que podemos ayudar a que las personas en situaciones de pobreza puedan tomar mejores decisiones ya que cuando cuando tenemos recursos limitados, nuestro cerebro adopta una “mentalidad de escasez.”

Pero… ¿qué es la renta básica?

Atendiendo a la descripción de la Red de Renta Básica es un ingreso pagado por el estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva.

No cabe duda que hay infinidad de reflexiones y opiniones al respecto de percibir un ingreso proveniente de los impuestos de los demás ciudadanos «incluso si no quiere trabajar».

Desde Innovations for Poverty Action (IPA) recogen que hay poca evidencia sobre lo que funciona para ayudar realmente.

La evidencia que existe no suele ser utilizada por aquellos que crean y dirigen programas para las personas con necesidades económicas, en su caso con las personas pobres. Esto lleva a programas que son ineficaces o no tan efectivos como podrían ser, y a menudo, a desperdiciar dinero y soportar la pobreza. IPA trabaja para reunir a los principales investigadores y quienes toman decisiones para asegurar que la evidencia que creamos conduce a un impacto tangible en el mundo. 

Quiero incorporar un elemento, sobradamente trabajado y que podemos estar olvidando en la búsqueda de soluciones de corto plazo para nuestras sociedades. Pues el sentido que podamos asignar a lo que hacemos (¿trabajar?) nos traerá un determinado nivel de satisfacción personal, lo que sin duda se relacionada con cuanto felices nos sentimos y una buena parte del sentido que a nuestra vida le demos.

Desde que hace algunas décadas cogió fuerza la definición de los cinco factores básicos de la personalidad, con el trabajo de McRae y Costa  se identificaron Amabilidad, Estabilidad, Extroversión, Apertura a la experiencia y Responsabilidad.

Es en ésta última, Responsabilidad, donde recae el Logro, como elemento de adaptación con probable base biológica, que genera nuestra tendencia básica y el concepto de nosotros mismos. Incluso los animales comen con mayor satisfacción lo que ellos mismos han cazado.

Dan Ariely y otros autores en su artículo The Ikea Effect: when labor leads to love ya nos explica que el trabajo que concluye con algo que hemos finalizado nosotros mismos, con nuestro esfuerzo genera una alta valoración y satisfacción hacia nosotros mismos.

El efecto IKEA es evidente cuando la mano de obra invertida conduce a una inflación de la valoración del producto. Por ejemplo, los experimentos demuestran que el valor monetario asignado a las creaciones realizadas directamente por personas aficionadas está a la par con el valor asignado a las creaciones realizadas por expertos. El efecto IKEA es especialmente relevante hoy, dado el cambio de la producción a la creciente personalización y coproducción de valor. El efecto tiene una gama de posibles explicaciones, como sentimientos positivos (incluyendo sentimientos de competencia) que vienen con la finalización exitosa de una tarea, un enfoque en los atributos positivos del producto y la relación entre esfuerzo y el gusto.

El Logro es una satisfacción que no podemos perder, que nos da sentido y nos mejora como personas.